Son las nueve y media de la noche. Habéis puesto la película después de cenar y justo cuando la cosa se pone interesante aparece la rueda dando vueltas. Bajas la calidad. Aguanta un rato. Se vuelve a parar. Alguien dice lo de siempre: "es que a estas horas no va". Y al día siguiente, a las once de la mañana, va perfecto.
O peor: estás en una videollamada de trabajo y te quedas congelado a media frase, con esa cara tuya de estatua que verán tus compañeros durante quince segundos.
Si esto te suena, probablemente tengas una de esas antenas que llevan años en los tejados del interior, apuntando a un repetidor en lo alto de una loma. Y lo primero que queremos decirte es esto: no es culpa de tu router, ni de tu tele, ni del wifi de tu casa. Puedes cambiar el router tres veces, comprarte un repetidor y poner el ordenador al lado de la antena. Va a seguir pasando. El problema está antes, y tiene una explicación bastante sencilla.
Por qué a las nueve de la noche no va
Esas redes funcionan repartiendo. Una antena colocada en un alto da servicio a un sector, y de ese sector cuelgan las casas de una zona entera: veinte, treinta, a veces más. Toda esa gente comparte la misma capacidad.
A las once de la mañana, la mayoría está trabajando o fuera y esa capacidad se reparte entre pocos. Vas de lujo. A partir de las siete de la tarde, todo el mundo llega a casa, enciende la tele, el móvil y la consola a la vez, y esa misma capacidad se parte entre todos. Por eso no es que tu conexión falle: es que llegó tu vecino.
Y hay un detalle incómodo de ese modelo: cada alta nueva que se da en esa antena reparte la misma tarta entre uno más. El cliente que entró ayer no le quita servicio al operador, se lo quita a los que ya estaban. Nadie te avisa de eso, pero es la razón de que una conexión que iba bien hace tres años hoy no aguante una película.
Y hay una segunda razón que casi nadie explica, pero que es la que más quebraderos de cabeza da a quien mantiene esas redes: trabajan en bandas de uso común. Son frecuencias que se pueden usar sin licencia, cumpliendo unos límites de potencia, y que comparte todo el mundo: el wifi de tu casa, el del vecino y los enlaces de estas redes. Si alguien monta otro enlace en el valle, si aparece un equipo mal orientado a dos kilómetros, se pisan entre ellos.
Y aquí está el detalle que casi nadie sabe, porque lo dice la propia normativa española con todas las letras: quien usa esas bandas lo hace "sin derecho a protección". No es una forma de hablar, es el régimen legal. La Administración lo deja escrito: no se puede solicitar protección frente a las interferencias que causen otros. Traducido a tu salón: si mañana aparece una interferencia que te tira la conexión, nadie está obligado a quitarla. Es un camino vecinal por el que circula todo el mundo, sin carriles y sin señales.
Las redes móviles con licencia funcionan al contrario: el operador ha pagado por esas frecuencias en una subasta pública y son suyas para usarlas. Ahí no puede aparecer el enlace de nadie.
Añade que muchas de esas instalaciones llevan ahí diez o quince años, y que la tecnología con la que se montaron perdió su batalla hace tiempo: la industria entera se fue a otro sitio y los fabricantes dejaron de invertir en ella. Nadie va a modernizar aquello, porque ya no hay con qué.
La otra mitad del problema: la subida
Aquí hay algo que casi nunca aparece en el contrato y que explica muchos enfados. Cuando te venden una conexión, te hablan de la velocidad de bajada. Pero lo que sostiene una videollamada, lo que sube las fotos del móvil, lo que manda un archivo grande al trabajo o hace la copia de seguridad, es la subida.
En este tipo de redes la subida suele ser la hermana pobre. Fíjate en la letra pequeña de cualquier oferta de internet rural: verás ofertas de 100 megas de bajada con 10 de subida, y muchas ni siquiera publican ese dato. Cuando alguien esconde la subida, suele ser por algo. Hemos visto casos de gente pagando por una conexión decente y teniendo menos de 2 Mbps de subida, que es lo justo para que una videollamada se sostenga con alfileres. Por eso pasa lo que pasa: puedes estar viendo un vídeo aceptablemente y ser incapaz de mantener una reunión de trabajo quince minutos seguidos. No es que tu internet sea "lento", es que va cojo por el lado que no te contaron.
Y hay un tercer factor que no aparece en ningún folleto: la regularidad. Una conexión que va a 20 megas siempre es mucho mejor que otra que va a 50 y de repente se desploma. En las redes saturadas el tiempo de respuesta se dispara justo cuando más gente hay, y eso es exactamente lo que rompe una videollamada, una partida o un directo. No lo notas en un test de velocidad, lo notas en la cara congelada de tu jefe.
"Cada vez que hay tormenta me quedo sin internet"
Esta nos la dicen mucho, y conviene explicarla bien porque casi todo el mundo la cuenta mal.

No es que la lluvia moje tu antena y te deje sin señal. En las frecuencias que usan estos enlaces hasta tu casa, el agua apenas estorba: puede caer una tormenta de verano de las gordas y ese tramo aguanta.
Lo que suele fallar está más arriba. A ese repetidor hay que llevarle internet de alguna manera, y salvo que tenga fibra al pie (que en el monte casi nunca la hay), se le lleva con un enlace de radio de largo alcance que trabaja en frecuencias mucho más altas. Y ahí la lluvia sí pega, y fuerte. Los números lo dicen claro: con una tormenta de las de verdad, en la frecuencia que llega a tu casa se pierden menos de dos décimas de decibelio por kilómetro, mientras que en las frecuencias de esos enlaces largos se pierden más de siete. Es decir, unas cuarenta veces más.
Por eso te quedas sin internet a la vez que todos tus vecinos, y por eso vuelve solo cuando escampa. No era tu antena: era el enlace que da servicio a todo el pueblo el que se ha caído, y por ahí pasáis todos.
A eso súmale lo que hace el viento con un mástil mal fijado, que desalinea la antena unos grados y te deja la conexión coja hasta que alguien suba al tejado a recolocarla, y los cortes de luz de la tormenta, que reinician equipos por todas partes.
Qué te ofrecemos nosotros
Nuestro Internet Rural funciona de otra manera. No colgamos tu casa de una antena de barrio: te conectamos a la red de un operador nacional, con frecuencias con licencia, esas por las que se paga en una subasta pública y donde por ley nadie más puede emitir. Ahí no aparece el enlace del vecino a interferirte. Es una carretera con carriles pintados, no un camino vecinal.
Tres tarifas, sin permanencia y con la instalación incluida:
- Internet Rural ECO, 19,95 € al mes. Para una casa con uso normal: navegar, tele, algún vídeo.
- Internet Rural PRO, 24,95 € al mes. La que más instalamos. Para varias personas a la vez, teletrabajo y series en más de una pantalla.
- Internet Rural MAX, 29,95 € al mes. Router exterior y punto de acceso interior, para casas grandes, con dependencias separadas o mucho aparato conectado.
En las casas donde instalamos medimos entre 30 y 150 Mbps reales, con la subida suficiente para que una videollamada aguante. Y GB ilimitados: no hay contador corriendo ni sorpresas a final de mes.
Pero lo importante no es la lista de tarifas, sino esto: antes de que pagues nada, vamos a tu casa y medimos. No te vendemos una velocidad de folleto. Medimos la señal real en tu parcela, en el punto exacto donde iría la antena, y te decimos con números qué vas a tener. Y si vemos que en tu casa no vamos a poder darte un servicio decente, te lo decimos y te ofrecemos la alternativa: internet por satélite, que sale algo más caro al mes pero funciona donde no llega nada más. Lo que no vamos a hacer es instalarte algo que sabemos que no te va a servir.
Lo que cambia en el día a día
- A las nueve de la noche va igual que a las once de la mañana. Esa es, de largo, la diferencia que más nos comentan los clientes que vienen de una antena vecinal.
- Nadie puede interferirte, porque la frecuencia está protegida.
- Sin permanencia, y sin trampa. Si no cumple, te vas. Y no te cobramos por no atarte: en este sector es habitual que te aten doce o dieciocho meses, o que la instalación sea "gratis" solo si firmas la permanencia. Nos parece la única forma honesta de vender algo que depende de la cobertura que tenga tu casa.
- Instalamos nosotros y damos la cara nosotros. No hay call center: cuando llamas, te coge el teléfono Salva, el que estuvo en tu tejado.
- Y si algo falla, lo vemos desde aquí. Nuestros equipos nos avisan de cómo va tu conexión, así que muchas veces detectamos el problema antes de que nos escribas.
¿Y si en mi casa no hay señal suficiente?
Puede pasar, y no vamos a marearte: hay parcelas metidas en un barranco o detrás de una loma donde no hay nada que rascar. Para esos casos está el satélite Starlink, que funciona prácticamente en cualquier sitio con el cielo despejado, con cuotas desde 35 € al mes y sin permanencia de plan. Lo instalamos también nosotros, con el mástil bien fijado y el wifi cubriendo la casa.
El orden que seguimos siempre es el mismo: primero miramos si te llega fibra, luego si podemos darte nuestro internet rural, y el satélite queda para cuando lo demás no da. Lo que no hacemos es venderte lo más caro por defecto.
Cómo salir de dudas sin gastarte un euro
Hacemos un estudio de cobertura en tu casa: vamos, medimos qué señal hay de verdad en tu parcela, de qué torres viene y qué velocidad se puede conseguir en cada punto, y te lo contamos con números. Sin compromiso de contratar nada y sin coste para ti.
Con ese informe en la mano decides tú. Y si resulta que lo que tienes ahora es lo mejor que se puede tener en tu casa, también te lo diremos.
Trabajamos el interior de Alicante y Valencia: l'Alcoià, El Comtat, la Vall d'Albaida y l'Alt Vinalopó, además de Yecla, Caudete y los pueblos vecinos.
Preguntas rápidas
¿Por qué mi internet va bien por la mañana y mal por la tarde? Porque en las redes de antena vecinal la capacidad de cada sector se reparte entre todas las casas conectadas a él. Por la mañana hay poca gente usándola y por la tarde estáis todos a la vez. No es tu router ni tu wifi: cambiarlos no arregla nada.
¿Por qué me quedo sin internet cuando hay tormenta? Casi nunca es por tu antena: en la frecuencia que llega a tu casa la lluvia apenas estorba, se pierden menos de dos décimas de decibelio por kilómetro incluso en una tormenta fuerte. Lo que suele caerse es el enlace de largo alcance que lleva internet hasta el repetidor del pueblo, que trabaja en frecuencias mucho más altas donde esa misma tormenta hace perder unas cuarenta veces más. Por eso os quedáis todos sin conexión a la vez y vuelve cuando escampa.
¿Se puede teletrabajar con internet rural? Sí, es lo que hacen buena parte de nuestros clientes. La clave no es la velocidad de bajada que anuncie el folleto, sino la subida y la estabilidad, que es justo lo que medimos antes de instalar.
¿Qué pasa si en mi casa no hay cobertura suficiente? Te lo decimos y no te instalamos. En ese caso la alternativa es el satélite, que funciona en casi cualquier sitio con cielo despejado.
¿Tengo que atarme a una permanencia? No. Nuestras tarifas de internet rural no tienen permanencia. Si no cumple lo que te prometimos, te vas.
¿Cuánto cuesta saber si me va a funcionar? Nada. El estudio de cobertura es gratuito y sin compromiso: vamos a tu casa, medimos y te damos los números.